lunes, 16 de mayo de 2011

Ayudante

Creo que es hora de hablar de mi otro hijo, el mayor, Dany.
Así llamó él a su hermano Carlos cuando unos familiares vinieron a verle recién nacido:
 - El otro está ahí dentro - dijo al abriles la puerta y constatar a quién buscaban.
Clásico ejemplo de príncipe auto-destronado... aunque por siempre idolatrado por "el otro".
Un sevidor también sabe algo al respecto.
Pero hablamos de mi ayudante: Esta memoria de pez mía apenas me permite recordar sino gruesos recuerdos.
Siempre (bueno, la verdad es que ya no tanto) me ha gustado de ser "manitas" en casa. Pasar la antena del comedor a la salita... y un largo sinfín, hicieron que Dany se aficionase de bien pequeñito a las herramientas.
No recuerdo si fueron los Reyes o quizás uno de sus primerísimos cumpleaños, le regalemos una caja de ellas. Tenía de todo. Pero él prefería las de papá; y ayudarme en mis caseras chapuzas.
- Llámame ayudante, papá... requería con determinación. Y yo (¿cómo iba a ser de otra manera?) le decía:
- ¡Ayudante...! pásame el destornillador de estrella....; ¡Ayudante!, la llave inglesa...; ¡Ayudante!, el martillo...
Y desde sus primerísimos años hubo entre nosotros una complicidad que el puñetero tiempo cuanto menos nos ha adormecido.
Pero lucharé contra este mi alzheimer emocional y no olvidaré. Este recuerdo siempre lo conseguiré amar.
(...)
Mi chica es capáz de mucho más.
Ella es "la princesa de mis mareas"... mi memoria... mi almacén de recuerdos y mi reserva de amor.
Por mi chica soy capáz de recordar (de amar) más a mis chicos. Es el telescópio que me acerca sus estrellas. También un microscópio para poder bien verme por dentro.
Cuando lea ésto, vendrá a mí; acariciará mi pelo (el que me queda) y me dirá suave:
- Aquél día,  tu ayudante...
Y en su regazo volveré a amar a mi primogénito en los días que no era tanto mi semejante sino mi ayudante
Pronto cumplirá los veintitrés. Y yo, más pronto, cumpliré la edad de tener que saber amarle tal y como él desea ser...
Pero, sobre todo, de por siempre recordarle como mi ayudante.

viernes, 13 de mayo de 2011

¡Qué tunos...!

Algunos amigos que me han oido recitar dicen que tengo buena voz para ello.
De ser cierto, ya serían, al menos, dos mis virtudes...
La otra (aunque compartida) va con las imágenes que siguen.
Los tunos de Valencia se han sumado a tantos corazones valencianos que andamos celebrando el Centenario del Traslado de la Mareueta.
Con ellos, por primera vez, va mi hijo Carlos.
No tendréis ninguna dificultad en reconocerle: es el más guapo. Eso certifica su madre, ratifica su abuela y suscribe un servidor.
¡Ah...! su nombre en la tuna es... el sobrao (¿a quién le habrá salido?)






Pues bien, ahí les veis: cantando, bailando sus capas y estandartes; como pródigos hijos, zalameros, haciendole carantoñas a la Virgen, a la Madre...
¡Qué tunos!

(Si quieres verlos en video, dale al play en Esto que oyes, arriba y a la derecha del blog)

miércoles, 4 de mayo de 2011

Veintiuno

Tiene veintiún años y es madre soltera.

Desde hace veintiún años,  ser madre soltera ya no es la fingida y farisaica tragedia que,  (¿por qué no declararlo ya?) hace apenas cuarenta cuando su madre la concibió de igual manera. Ya nadie te señala clavándote su mirada hipócrita como antaño; pero, desde siempre,  tampoco nadie arrima una minúscula caricia de apoyo.
A veces piensa que está marcada con un estigma… como el de Caín… aunque no sabe bien ni cómo ni porqué. Cierto, solo sabe que su madre dio su vida por ella. Y por ello,  la hacen morir a diario.

Apenas fueron veintiún segundos de una incierta placidez. No fueron de placer sino el gozo de querer sentirse amada. No mucho tiempo después descubrió que a él nunca le importó no poner alguna medida para evitar el embarazo. Mas no le culpa ni condena: ¿cómo puede condenarse a quien sólo sabe responder a su instinto? Pero duele, duele seguir queriendo sentirse amada…

Veintiún minutos eternos de ver su mirada perdida. Pero finalmente su abrazo, su firme y cálido abrazo mientras murmuraba “mi Mariquilla… mi Mariquilla…”
Casi veintiuna horas de parto, de dolorosa fe en que la criatura que venía traería, más que pan, esperanza: quizás el gozo de sentirse amada. Mucho después descubrió que al desamor no lo arranca otro amor; menos aun cuando es tan diferente…

Pasaron veintiún días hasta que se acostumbrara a la leche artificial. ¡Hasta esto los cielos la negaron! Veintiún días de yermo pecho… ella que durante el embarazo pensaba que con sus pechos, con los dos, supliría la ausencia de él y le daría todo el necesario amor. “Finalmente, aquí tienes su amor artificial” pensaba; pero nunca lo decía.

Más de veintiún meses angustiada porque no le comía. “¿Dónde iré, qué le daré…?” Mas la criatura crecía, crecía…

Veintiún años, soltera. Adora a su madre. Sin ella, bien lo sabe, no sería.

(Dedicado a mi madre y a mi chica; a todas las madres y, entre ellas, a vosotras dos)

jueves, 14 de abril de 2011

Los selectivos catorce puntos de la p.a.u.

Que tu sí sea un sí y tu no un no...  (St  5:12)

Desde pequeños he intentado infundir en mis hijos el valor sacro de la palabra de un hombre (o de una mujer, al caso; aunque me quedé con las ganas de una niña; ¡cosas de mi Jefe!)
Otrora  identificada con el  honor, la palabra de uno es suficiente para vivir por ella; y bastante para llegado el extremo, por ella, morir.
Y, dicho sea también entre paréntesis, por ella tengo fe. Porque aprendí que la Palabra es fiel y no defrauda nunca. Un hecho demostrable, aunque no con las ciencias exactas.

Me pregunto entonces, qué necesidad tiene nuestra escala de valores formativos  de estirar nuestro vocablo “sobresaliente” hasta cuatro puntos más. Viene a sonarme como el anuncio del detergente aquel: “el blanco más blanco” y henos aquí con un sobresaliente más sobresaliente.
Pero, como la espada de Damocles, nos puede cortar con su doble filo y nuestro sobresaliente “sin estirar” no sería sino apenas un bien escaso...

En medio de esta relativismo tan absoluto, insisto, pregunto: ¿es esta la ética, la educación para la ciudadanía, que pretendemos inculcar en nuestros  jóvenes adolescentes? Y añado adolescentes, precisamente por ello: con esta “enseñanza” del bien estirado, adolecerán de un firme criterio: “Sí, sí; no, no” Pues todo lo demás, viene, sin duda, de nada claros creados intereses.

Otros foros andan abogando para que sea fuerte y clara la voz de los cristianos en política y en las leyes. No lo pondré en duda. “Dad al césar lo que es del césar...”
Pero, ¡hombre!... ¡Demos, también y primero,  a Dios lo que es de Dios! Pocas cosas debieran ser sagradas como han de serlo nuestros hijos. Y, ¿qué les estamos dando más allá de nuestro cómodo relativismo?
Basta ya de dieces desnatados. Al pan, pan; y nuestras calificaciones de cero a diez
¿O no es suficiente?


Notas.-
* La p.a.u. es la prueba de acceso a la universidad. Este año, uno puede presentarse voluntariamente a un exámen extra de "sus mejores asignaturas", demostrar que ciertamente es sobresaliente, y ganar algun punto que suplementariamente, le dé la plaza anhelada
* En secundaria debemos calificar de 1 a 10; independientemente que nos entreguen el exámen en blanco  e incluso con alguna falta de ortografía en su propio nombre (o simplemente ininteligible). La razón... ¡que los del césar os expliquen sus razones!

Dedicatorias.-
*A unas chicas y chicos de 4º ESO que vinieron a compartir palabra y cena con "nuestras chicas y chicos" de alfabetización para extranjeros. Nos juntamos cuerpos y almas del Senegal, Marruecos, India, España y/o sus comunidades...bailamos, reímos, nos interesamos, nos....
* A Fuentequemana, que entre otras -fuentes- lo hizo posible

martes, 5 de abril de 2011

Con zapatos nuevos

(Antes de nada, dale al "play" en Esto que oyes, a la derecha de la pantalla. Gracias)

Tenía pensada otra entrada mucho más seria, mucho más relevante, de más actualidad, impactantente y, cómo no, atrevida.
También, pensaba haberos dedicado algo más de tiempo y compartir y comentar vuestras entradas.
Pensaba.
Ahora quiero sentir, sentiros.
Y contaros que me encuentro como un chico con zapatos nuevos. Como un chico de los de antes, claro. Ahora, como poco, creo que debería decir "con un móvil nuevo".
Y digo yo que este tipo de entradas deberían ser más usuales; más común entre nosotros mensajes de, no ya esperanza, que también, sino de palpable alegría compartida.
No son zapatos. No importa lo nuevo que tenga en mis manos.
Importa que es felicidad compartible. Gozo que desea ser compartido.
Tenía pensada otra entrada.
Mientras tanto hoy soy feliz

jueves, 31 de marzo de 2011

Amenaza de vuelta

¡Con qué facilidad me dejo enredar con vanas cuestiones que turban mi paz!
Y no es que ande desquiciado, ni mucho menos desperdiciando mi tiempo (espero). Pero, ahora que paro un momento y lo pienso, tampoco siento su provecho. De aquí mi falta de paz.
 Temo que uso -y abuso- las clases de español básico que doy a inmigrantes para acomodar mi conciencia a una autosuficiencia complaciente. Pero la verdad es que yo les ayudo y ellos me ayudan: estamos en paz... y ello no contribuye a la mía. De aquí, de nuevo, mi falta de paz.
Y en casa los míos crecen (espero también). Y quiero creer que con algo de mi ayuda. Pero mis afanes impiden que pueda saberlo y aún menos sentirlo.
¿Cuándo pararé para escuchar, para escucharme y escucharle? ¿Tal vez en estas fiestas del amor llevado al extremo?
Pese a mi mismo, tengo el convencimiento que elegí la mejor opción cuando dije sí a mi fe. Y no se me arrebatará.
Pese a mi mismo, me ayuda a ser coherente (incluso conmigo mismo). Detengo un momento la marcha (que no el camino) y me digo: es hora de volver. Y así, con el deseo de alcanzar la meta renovada, retomo la senda que conduce a la Verdad.
Es hora de volver. Aprovecharé estos días en que algunos celebramos el Amor llevado al extremo, Amor transfigurado en Pasión y alcanzar la paz necesaria para volver, sin temor, al camino.
En él nos vemos (pues todos somos "arrieros")

domingo, 27 de febrero de 2011

¡Gozad y ved,,,!

He realizado un pequeño montaje con las fotos que ha tomado sor Inmaculada desde su Monasterio
(el mismo que sor Cecilia). Esta es una primicia de su buen hacer con la cámara (que, por cierto, es la mía)